Bitácora de Viaje 1: Mi experiencia en Cuba, My life in Cuba
MI EXPERIENCIA EN CUBA, MY LIFE IN CUBA
En Cuba, forbidden country, todo se dice dos veces, y cada una
diferente: lo alegre parece más emocionante y el pasado menos revolucionario.
En inglés y en español, todas las historias se van
disfrutando de manera impredecible, única, unforgettable.
Primera mañana en La Habana, el aterrizaje se había hecho
rogar, las demoras lógicas de la ansiedad por descubrir aquel “país prohibido”,
como lo definiera Galeano en una entrevista.
Con el primer “son” del día, llegó un problema, para mi tan
grande que las desgracias de Heningway parecían solo pequeños accidentes, y lo
peor es que en Córdoba lo hubiese resuelto con el primer plan B; pero en esta
parte del mundo sí que era algo crítico.
Saque de una caja la nueva SONY del tamaño de una tarjera de
crédito, estaba intacta con olor a nuevo de apenas ocho horas antes de embarcar,
no sé porque sigo dejando para lo último todo lo que puede inmortalizar la
realidad y hacer las cosas inolvidables.
Fue justo en la primera parada del bus turístico, cuando
llegó el mensaje terrorista, la nueva SONY del tamaño de una tarjeta de crédito,
acusaba violenta con señales intermitentes que
no tenía memoria.
Maldecí en inglés y en
español, como se debe, al vendedor número tres de la casa de electrodomésticos
que está en nuestra peatonal, hizo tanto y dijo mucho para convencerme de pagar
80 pesos más por otro seguro, que el idiota, y esto lo digo por mí, se olvidó de
hablar sobre algo necesario como la memoria externa.
Mi celular apenas tenía 5% de batería. Eran derechas en el
Hotel, mientras que diagonales eran las patitas de mi cargador, también de la
afeitadora, mi tablet y sobre todo de la SONY del tamaño de una tarjeta de
crédito.
Sin celular y sin cámara, había que hacer inolvidable mi
experiencia en la isla que así estaba comenzando, mientras no dejaba de lamentarme.
Sirvieron los años de docencia, exhortando a los alumnos a
llevar consigo una bitácora para registrar toda imagen que lograra
sensibilizarlos. Se trata de un ejercicio que refuerza la impresión de estímulos
en nuestra memoria para ampliar así nuestro repertorio de experiencias sobre las cuales luego diseñaremos
soluciones.
Aquella primera mañana en La Habana Vieja tenía que convencerme
que la bitácora, lo último que guarde en
el bolso de mano, iba a ser el único recurso tecnológico no sólo para registrar
sino para no olvidar.
Confieso que duró poco la amargura de aquel problema de
memoria, se me olvidó cuando vi que en La Habana todo parece haberse quedado en
el siglo pasado y más: los autos, las fachadas arrugadas y cargadas de vida que
aun apuntaladas siguen dispuestas a dar otra revolución. Pero no solo eso, también los deseos y los
sueños de algunos cubanos parecían haberse quedado en otro tiempo, donde hoy
sobrevivir depende de una propina que puede
equivaler a una jornada diaria de un maestro, que de los profesionales, junto a los policías son los que menos cobran.
Susana es una morena de la altura de una puerta, original y
respetado maridaje de pantalón negro de fiesta con robustas zapatillas
deportivas al tono. Cabello tirante, cordón rojo con una medalla impresa una
estrella blanca. Se recibió de abogada y por solo 35 cuc (moneda de uso para
turistas en la isla equivalente a un 1.17 euros) elige ser nuestra guía de turismo.
En cada parada ella dice dos veces las cosas, sabe medir sus
palabras, con cada gesto trata de ser justa con un enjambre de turistas que en alemán,
italiano, ruso, francés y en cordobés le preguntábamos por la otra historia de
Cuba.
Sin embargo, ella hizo un breve alegato para que nosotros nos
sintiéramos afortunados con saber todo y nada más que la verdad.
Susana estudió en la Universidad de La Habana, y luego
trabajó tres años y dos meses para el Estado por la inversión que éste hizo en
ella. Saldada ya su deuda y habiendo cumplido su único sueño, se enorgullece de hablar alemán y tres idiomas más; y aunque
no lo confesó, se siente un hito histórico en aquel enjambre, que ya calmados estábamos
dispuestos a escuchar su propia historia de vida, la que sonaba más interesante
que la de Martí, de Cienfuegos y hasta del Che.
Apenas la morena se presentó dos veces, primero como guía y
luego como abogada y madre soltera cubana, los turistas queríamos comenzar por
el final.
Fue unánime que en ese salpicón de lenguas, quisiéramos saber cómo era su vida, por qué aun seguía con
sus padres, si se sentía libre y hasta si era feliz. Las cortinas del pequeños
bus turístico de marca china se cerraron, la cortina musical era una guajira
que se escuchada desde lejos y la historia empezó protagonizada por su pequeño
de seis años que estuvo al límite de la muerte por comer lechuga mal lavada.
Confieso ante juramento, que también use las ultimas línea de las batería del
celular para fotografiar la lista del mercado que la morena saco de su bolso
como pieza de museo, mientras decía: “esto es lo que podemos comprar por mes en
el mercado” y empezó así a enumerar: un huevo por semana, una libra de puerco,
una libra de porotos… pero un kilo de azúcar.
Nuestro silencio imprimió con fuerza esa primera historia que
no estaba en el buscador cuando escribí “Cuba” al planificar este viaje.
El hijo de Susana ya está mejor, esta semana volvió a la escuela!!
La Bodeguita del medio es un bar típico cubano embebido en magia
y encanto, donde quien se anima a inmortalizarse, formará parte del millón de historias escritas en
sus paredes, constituyéndose en otro
gran atractivo turístico; allí conocí a Ada.
En cuba, todos sus habitantes parecen tener menos años. Este país con una historia tan rica, picante y
contradictoria, parece no dejar marcas en sus rostros, pero después de unos
días se puede ver que si están…. del
lado izquierdo ahí donde el latido suena al ritmo de un “guantanamera”.
Ada, una turista rubia uruguaya que ahora vive en Playa del
Carmen, lo primero que hizo al subir al bus y saludar a la guía, fue
preguntarle por su edad _¿es verdad que la vida en cuba hace que uno se vea
siempre más joven?, a lo que la guía, tal vez pensando en su propina, respondió
que la juventud está en el interior;
rápido Ada deslizó sus gafas ocultando su mirada que maldecía en silencio y en más de dos idiomas.
Ni teniendo la nacionalidad cubana, se le podría borrar algunos de los casi 60 años de la rubia de cortos jeans bordados con estrás, musculosa blanca con
signos del zodiaco algo mezclado con rituales africanos. Ada eligió sentarse en
la primera mesa de la Bodeguita del medio, ahí donde los turistas que no pueden
entrar porque no hicieron su reserva, se pegan con sus maquinas de fotos para
registrar algún hueco; y donde ella fue por
hora y media protagonista en todas las fotos de ese lugar donde el mundo no deja de entrar a tomar un Cuba libre y fumarse un abano Montecristo.
Mientras Susana, sentada en el apoya brazos de la primera
fila del mini bus y con micrófono narraba su viaje al policlínico con su pequeño
en brazos, confesó que hizo una corta plegaria a un Dios distinto al nuestro y
acariciando el pechito a su niño sintió un alivio preocupante entre tanto dolor
e impotencia. Esta otra historia tuvo que cortarse con un cometario de Ada,
quien es tarotista, “y de las buenas” agregó su joven marido.
La rubia ex uruguaya, explicó que en la palma de las manos
hay un punto energético, que por ejemplo en el caso de Susana, al acariciar y
frotar el pecho de su niño estaba aliviando su dolor, _“o acaso no hacen eso
las madres cuando su hijo se lastima y le pasan varias veces la mano por la zona
lastimada” agregó de nuevo su muy joven marido.
Si algo no se puede dejar de hacer en la Habana es sumergirse
en el tiempo y tomar un atajo a un Cuba aristocrático,
exclusivo, alegre y paradisíaco… que conduce al Trapicana. Se trata de un cabaret de más de 60 años que esta a cielo abierto, donde en múltiples
escenarios un cuerpo de baile de más de 60 piernas morenas perfectas hacen impredecible cada
detalle.
Nos despedimos uno por uno de Susana al terminar el tour en
el Cementerio Colón de La habana, el cuarto en importancia del mundo. A medida
que bajábamos del bus, la guía nos miraba a los ojos y pasaba su mano por
nuestro hombro, recién me di cuenta del detalle cuando le tocó el turno a Ada y
ésta le guiñó el ojo. Es que en los viajes, es tanto o más lo que uno deja que
lo que se lleva, aunque las vajillas siempre regresan más pesadas, parte de
nuestra vida se queda en aquellas personas
que abren su corazón y a modo de recompensa sólo acarician tu interior.
Cuando salí del Tropicana con la camisa blanca manchada por
las luces y los destellos de algunos
trajes que vestían a las bailarinas, ya estaba él abriendo la puerta del
descapotado magenta, esbozaba una sonrisa sincera como si no supiese que la
entrada a ese show es el triple de lo que gana por mes trabajando todos los
días.
Fabián era el taxista que esa semana reemplazó a su hermano,
cambió su trabajo como Jefe de manteniendo de árboles, por la conducción de
esos autos antiguos en el que todos se tiran para salir en una foto.
También parecía diez años menos de su verdadera edad, sin
embargo noté que le dolía el cuerpo cuando se puso al volante blanco de un
viejo Mercedes, fue notorio su gestó al sentarse; unas diez cuadras después le
adjudicó el golpe a una palmera que no se dejó arrancar y tres cuadras más yo le
conté que también el ciático en Córdoba me había dejado de cama.
Apenas cerré la puerta del taxi me preguntó de donde era,
intuyó que tenía ganas de responderle y establecer así una comunicación. En
Cuba, cualquier palabra es bienvenida para dialogar, todos buscan la excusa
para regalarte historias a cambio de una propina, por cierto bellas e
inolvidables.
Son los taxistas, las vendedoras de sombreros playeros, las mucamas,
las prostitutas, los meceros y los vendedores de libros sobre Fidel, los autores de esas fantásticas aventuras que
por suerte no se graban en las memorias de las máquinas de fotos ni del
celular.
Juan Villoro dice: “la realidad no produce historias ya
hechas, hay que desenterrarlas de la realidad y construirlas” y acá, cada
cubano le da sentido a esa realidad que
por momentos se niega a tenerlo y le cargan de valor para crear historias inolvidables.
Después de saber si admiraba a Messi o a Maradona y preguntarme
por Cristina, me recomendó donde podía encontrar eso que andaba buscando para
llenar mi bitácora.
Al llegar a la puerta del hotel, en la zona de Miramar donde
florecen los nomeolvides, yo abrí rápido la puerta del viejo taxi pero Fabián
hizo un gesto de frustración porque quería ser él quien lo hiciera, pero el
dolor le hice el tranco más lento. Le pedí que esperara en el auto unos minutos
mientras yo subía a mi habitación, que sino le molestaba le podía entregar algo
que recompensaría aquel dato del lugar
que quería guardar en la bitácora, aunque los dos sabíamos que aquello no tenia
precio.
Tomó lentamente la caja de Actron 600 entre sus manos y rápidamente
la guardo en su bolsillo derecho al
tiempo que apretó mi mano, unos cinco segundos de más, tiempo
necesario para considerar lo importante que eran los calmantes para mi.
En Cuba, ni el dolor me detuvo ni a él le pareció humillante
el regalo, y así quedamos a mano.
En mi bitácora guardé más de 45 hojas con impresiones de 87 puertas de las casas tipo conventillos de
La Habana y Trinidad, me sentía de una manera inexplicable cuando parado desde afuera, frente a esas
puertas entre abiertas, sentía su interior. Las imágenes cortadas por
ropa tendida, sillas con tres patas, televisores que aturdían, gatos que dormían
en las barandas de las escaleras estrechas, tiras de ajos y cebollas, y
cortinas coloridas.
No hay nada más humano que mirar hacia adentro, nada más emocionante
que descubrirse uno mismo y nada más perdurable que proyectarse en cada puerta.
El segundo día, conseguí frente al Hotel las memorias de la
SONY del tamaño de una tarjeta de crédito, y ahí guardo sólo aquellas puertas
entre abiertas.
Hay lugares como Cuba, que no se visitan para calificarlos y
entenderlos, sino para descubrirse y ejercitar la memoria.
Supongo que a partir de ahora, sabré que debo llevar en un
viaje, por lo pronto pastillas para no olvidar.
Recomendación:
1.
Llevar
enchufes tipo americanos para cargar energía cuando el corazón te pida respiro.
2.
Calmantes
que en moneda cubana valgan un gracias
3.
Confianza
en tu propia memoria, y no te preocupes por nada más, las experiencias en Cuba siempre
son inolvidables
Recommendation:
1.
Come, live and return to Cuba
Cristian
Fonseca
Febrero de
2018







Querido amigo! Gracias por compartir tu experiencia de este modo!!! Viajé al leerte! Te quiero
ResponderEliminarGracias por Compartir !!
ResponderEliminarFrase trillada, pero Muuy Poderosa.
Quienes tenemos la paciencia para las lecturas lentas y meditadas, descubrimos en los buenos relatos los recuerdos de experiencias propias. Que a falta de las propias bitácoras, nos llevan de nuevo a lugares y vivencias guardadas en nuestra memoria y en nuestro corazón.
Mis dos viajes a Cuba fueron mágicos ... país de maravillas y utopias mil.
Como diria unos de los personajes de Lewis Carroll, en Alicia en el País de las Maravillas ... " Viaje Bueno Cristian" ....
Gracias, gracias
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